El gran teatro de las letras: ¿Por qué Uclés no ganó el Planeta?

14 de enero de 2026Reychango
El gran teatro de las letras: ¿Por qué Uclés no ganó el Planeta?

A veces me pregunto si la literatura en este país es un arte o simplemente una sección más de la bolsa de valores, aunque con mejor encuadernación. El pasado 6 de enero, mientras medio mundo abría regalos de Reyes, el mundo editorial español soltaba su propia bomba, aunque para los que llevamos tiempo observando el tablero, la noticia tenía más de estrategia militar que de sorpresa literaria. David Uclés se llevó el Premio Nadal. Sí, el autor que ha vendido trescientos mil ejemplares de su anterior novela, un número que hoy en día parece más propio de un milagro que de una realidad estadística.

Lo que me vuela la cabeza no es que haya ganado. Lo que me hace rascarme la cabeza es el porqué. ¿Por qué el Nadal, dotado con unos "modestos" treinta mil euros, y no el Planeta, ese gigante de un millón que lo catapulta a uno directamente al olimpo de los ricos (y quizá no tanto de los famosos)? A ver, el punto real aquí es que el sistema tiene sus propias reglas, unas que no aparecen en las bases de los concursos pero que dictan quién se sienta en el trono cada año.

La coreografía del premio anunciado

Es verdad que existe un romanticismo casi ingenuo alrededor de estos galardones. Nos gusta imaginar a un jurado leyendo montañas de manuscritos anónimos hasta que, de repente, ¡zas!, encuentran la joya. Pero seamos serios. El sistema funciona con una precisión de relojería suiza orientada al marketing. No es que Uclés sea un mal escritor, ni mucho menos; es que ya era un fenómeno comercial. Y en el Grupo Planeta, que es quien maneja los hilos del Nadal a través de Destino, no dan puntada sin hilo.

Me resulta curioso cómo funciona este "relleno" editorial. Se presentan mil novelas, se eligen unas pocas para que parezca que hay competición, y al final el premio va para quien ya estaba en la lista de invitados a la cena de gala. Uclés, que estuvo diez años enviando manuscritos que nadie leía, ahora es el niño bonito. Pero no es porque sus letras hayan cambiado de la noche a la mañana, sino porque ahora tiene números. Y los números son el idioma que mejor entiende la gran edición.

Lo que me parece fascinante es la maniobra con su nueva obra, La ciudad de las luces muertas. Casi parece una secuela espiritual de su gran éxito, manteniendo la estructura, los artículos, casi el ritmo. Es una jugada maestra. Si algo funciona, no lo toques demasiado, solo dale un nuevo escenario. En este caso, una Barcelona que se queda a oscuras porque Carmen Laforet —la primera ganadora del Nadal— pide oscuridad para escribir. Y ahí es donde está la clave del asunto.

El imán de la nostalgia y el realismo mágico

He estado pensando en esa coincidencia narrativa. ¿Es casualidad que la protagonista de la trama sea precisamente la figura que inauguró el premio? No lo creo. Uclés ha construido un puente de oro entre el pasado del galardón y su propio presente. Es una tentación irresistible para un sello como Destino. Ganar el Nadal con una novela que homenajea al propio Nadal es cerrar un círculo perfecto. Es poesía comercial.

Uclés habla de su novela como algo coral, luminoso, con personajes que van desde Rosalía hasta Gaudí. Una especie de delirio de realismo mágico donde el tiempo se dobla. Dice que la empezó a escribir antes del famoso "apagón", pero esas felices coincidencias son las que alimentan las campañas de prensa. Y es aquí donde entiendo por qué no fue el Planeta. El Nadal le otorga un prestigio que el Planeta, a veces manchado por el tufo de lo puramente comercial o de los autores "famosos de la tele", no siempre puede dar. Para un autor joven que viene de vender 300.000 libros con una editorial mediana como Siruela, el siguiente paso no era solo dinero, era legitimidad.

El costo de entrar en el juego

Treinta mil euros. Eso es lo que se lleva oficialmente. Para alguien que ha movido las cifras de Uclés, eso son migajas; apenas lo que ganaría vendiendo quince mil ejemplares. Pero el trato no es el dinero en efectivo, es la maquinaria. Planeta gana un autor que le garantiza ventas masivas, y el autor gana el respaldo del grupo más poderoso del idioma. Es un pacto de sangre literario.

Me pregunto cuántos autores habrán rechazado estas ofertas en la sombra. Se dice que Sábato lo hizo, que Delibes también. Figuras que prefirieron mantener su manuscrito fuera de las oficinas de planificación estratégica. Pero David ha decidido jugar. Y no lo culpo. Después de años de portazos, cuando el gigante te abre la puerta y te pone la alfombra roja, es difícil decir que no. La pregunta es qué se deja uno por el camino.

El hecho de que la novela ya esté lista para entrar en imprenta para marzo delata el secreto a voces: esto estaba decidido mucho antes de que se abriera el primer sobre en la cena del 6 de enero. Es un teatro, una representación donde todos conocemos el final pero aplaudimos igual porque la puesta en escena es impecable.

La sombra de los que esperan

Lo que realmente me deja pensativo es la situación de todos esos otros escritores que siguen enviando sus sobres con seudónimo, con la esperanza real de que alguien los descubra. Esas víctimas del sistema que no saben que el juego está trucado. El mercado editorial es pequeño, casi insignificante si lo comparamos con otros sectores, pero su capacidad para generar frustración es inmensa.

Uclés fue uno de ellos. Fue el aspirante ignorado durante una década. Y ahora es el cómplice necesario. Es una corrupción elegante, una que no rompe leyes pero que erosiona la confianza del lector que todavía cree en el mérito puro. Sin embargo, hay algo en su escritura, en ese realismo mágico que nos propone, que me atrae a pesar de todo. Se puede separar la obra del sistema que la promociona, o al menos eso intentamos para no morir de cinismo.

Al final del día, el Nadal de este año no es solo un premio a un libro. Es la confirmación de que David Uclés ha dejado de ser un autor de culto para convertirse en una pieza fundamental del engranaje. El millón de euros del Planeta llegará, no tengo dudas. Solo es cuestión de tiempo y de que la estrategia editorial necesite otro gran golpe de efecto. Por ahora, se queda con la gloria de Laforet y las luces muertas de Barcelona. Y nosotros, los lectores, nos quedamos con la crónica de un éxito que, aunque anunciado, no deja de ser un fenómeno fascinante de observar desde la barrera.

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